lundi, septembre 18, 2006

Loquo: Madrid: La habitación ya está alquilada

El callejero.es me ubicó avenida abajo cuando la batería del iPod dejó sin soundtrack mi búsqueda fatalista de recién parido del ombligo de España. Toda la tarde estuve jugando a La Cantina. Música a máximo volumen mientras bebía cerveza en el baño del hostal. Siempre que se llega en soledad a una ciudad desconocida… etcétera. Qué estoy diciendo. Me falta concentración. Lo único que me centra es la música y la tecnología va en mi contra. Tarareo. Siempre somos extranjeros en toda ciudad. Incluso el cuerpo es una zona rural que se urbaniza con la moda. Caminé en sentido contrario sin darme cuenta hasta que me desenfoqué de mi pequeñísimo recuerdo del mapa de Google. No compré una guía ni acepté traer conmigo el plano que una amiga había usado años antes en su viaje de estudios. No quiero karmas de papel ni hechizos de tía cuarentona que con sus mejores intenciones había colgado un rosario a cada una de mis maletas. Tampoco niego que por eso pude encontrarlas en la banda: siempre las maletas prestadas son pérdida segura.

Llamo al intercomunicador del piso 2 A, de Alejandro Ferrant 7, Delicias después de caminar veinte minutos. Espero. Tarareo a Maria Daniela y su sonido láser: Esta-es-la-fiesta-de-mi-cumpleaños-los-voy-a–tratar-a-todos-como-mis-esclavos-esta-es-la-fiesta-de-mi-cumpleaños-los-voy-a-tratar-a-todos-como-mis-esclavos. La seguridad me invade. Esa habitación será mía. TodoMadridbarroconmissuelas. Allo, ¿sí?; Hola, soy Óscar, llamé hace rato para venir a ver la alcoba; Ah, sí, pero ya está alquilada, gracias. Un cierre seco. Mi boca no produce saliva. Me ahogo. Camino hacia la esquina. Me miro en un aparador. Sí, soy mexicano pero no tengo el nopalbeat en la frente. Incluso si no me asoleo puedo pasar por mezcla de raza aria y africano. Todo el ritmo se borra de mi cuerpo. Mil posibilidades: miróme por la ventana y no le agradé; ubicóme el precio por la caminada; desagradóle mi peineta y ejecutóme mala jugada. Me arrastro hasta un locutorio. Hago un par de llamadas a otras posibles rentas. Contestador. Llamada en espera. Otra habitación ya alquilada. Lista de fracasos hasta que uno acepta recibirme en cincuenta minutos. Pienso en comida-cerveza-sexo-Monterrey-amigos-mis ex’s-sexo-familia-añoranza de la hazaña-ira-sexo-ira.

Hola, ¿hablo con Marcos?; Sí, soy yo, ¿quién me busca?; Soy Óscar, el chico mexicano que te llamó para ver el piso; Ah, vale, pues que te he estado esperando; Pues eso mismo, acabo de llamar al intercomunicador y me han dicho que la habitación ya está alquilada; No, no es así, ¿Quién te ha dicho semejante idiotez?; No sé, sólo me han contestado eso y nada más; Ah, pues vale, yo estoy aquí, ¿Aún estás cerca?; Sí, en el locutorio de la esquina; Vale, vale, ¿entonces vienes?; Sí, me interesa mucho; Vale, pues te veo aquí; ¿Pero vas a abrir la puerta?; Claro, ¿por quién me tomas? ¿Un maniático? Tan sólo soy un españolete.

Llamo de nuevo. Rüidos guturales. Sospecho de todo. La electricidad libera el candado de la puerta del edificio. Subo al segundo piso. Al salir cuatro opciones. La derecha la mía. Puerta A. Timbro. Tarareo. Aspiro y exhalo. Vuelvo a timbrar. Una voz dice que pase, que la puerta está abierta. Al empujarla sólo la oscuridad de un pasillo: al final una luz se enciende recortando una silueta que me pide cierre antes de seguir. Obedezco y voy hacia él. Me saluda con respectivos dúo de besos en mejilla y casi comisura. Tufo a lubricante y/o desinfectante. No lo reconozco del todo. Me sujeta la mano y la sopera mirándome incómodamente. No es que mi pudor de mejicanito se haya pobleteado por las diez horas de viaje: no. Simplemente no me resulta atractivo ligarme al casero. No. No. No. Vaya, hay sitios pátoo.

Primero pasamos a un cuarto con mesa, sala y un estante de abuelita repleto de figurillas de cera. Me lanza preguntas directas a las que contesto con flechas casi monosílabas. Sí, queer, solo, mexicano, estudiante, no, soltero, sin compromiso, no gracias, vaya, sí, la independencia, 10 horas, aeromexico, excelente. Luego se levanta y vamos a una guardilla como ratonera donde tres computadoras hacen imposible la respiración. Se tira en la cama cuando le preguntó cuál es la que está ofreciendo y con la mano golpea la almohada que deja escapar un humo casi ideal para quinceañera que desciende la escalera de la fiesta por donde sólo veo sus dientes amarillos sonreírme. Esta no es una fiesta de cumpleaños. Y él no es Maria Daniela. Ni yo su sonido láser. Sujeta con fuerza mi antebrazo. Y me recuesta. En una de las máquinas inicia una canción sumamente pop. Se levanta y baila. Quizá unos gatos a su alrededor serían perfectos para inaugurar el Patético Madrileño. Quizá no haga falta nada. Dice que son Erre Way y me acusa de que los mexicanos hemos robado ese modelo a los argentinos, que hace poco estuvieron RBD y que ni a los talones. Poco sé de telenovelas y no soy un suicida para contradecirlo. En la pantalla una colegiala se desnuda a la puerta del Cole, un motociclista saca fuego del pavimento, la chica sube, los demás compañeros arrojan sus libros al aire. Patético americano. La decadencia. La resurrección mexicana. Pero como Santísima Anahí de las famélicas ninguna.

Lo miro atento. Pero él lo interpreta como crítica. Será tu puta madre, ya estás defendiendo la tierra, me grita. Tira abajo sus shorts diciéndome que primero hay tres pruebas. Me levanto y salgo de la habitación. Sujeta mi muñeca y me empuja hacia él. Cierro los ojos. Maria Daniela baila en medio de una lluvia de luces. Me lame el oído. Sacudo la cabeza. Lo alejo. Me aprieta. Es delgado pero con una fuerza ruda. Me empuja hacia la pared texturizada. Heridas en mi brazo. Avanzo y enciendo la luz a tientas. Él se ha quitado por completo los shorts. Y escupe. Me abraza y con la lengua me siento que me toca el fondo de mi oído izquierdo. Lo empujo sin parecer desesperado o temeroso. Quédate conmigo; No puedo, tengo una cita para comer con un amigo; Pues no vayas, putete mejicano. Me chupa sobre la playera a la altura de las tetillas. Me zafo y voy hacia la puerta. Se interpone. Estoy nervioso. Lo toco por miedo a que me golpee. Y él me abre la bragueta sacándome el miembro. Me pega el culo. Siento un tufo a mierda que me asquea. Me retiro. Cierro mi bragueta. Trato de abrir la puerta. Ni de coñazo te vas, me dice, ni lo creas; Mi amigo me espera para comer, de verdad; Ah, pues llámale y dile que llegarás tarde; No, no puedo, mejor regreso en dos horas; No, eso es mucho, mírame que caliente estoy. Desatracó la puerta. Me sujeta el brazo. Me daña. Cierro los ojos. Maria Daniela baila. Escapo.

Bajo por el ascensor. Apesto a Españolete cachondo y pedo. Diak. Diak. Tarareo. Diak. Al tratar de abrir la puerta del edificio me doy cuenta que debe ser abierta por un interruptor eléctrico. Me detesto. Golpeo el cristal para que me escuche una colegiala que cruza la calle pero lo que logro es que me saque la lengua para mostrarme su piercing. Rebeldía madrileña del Y2k-6. Me siento en las escalerillas. Maria Daniela aparece a mi lado. Baila y me regala una paleta: mi-vida-no-vale-nada-sin-la-barbie-secretaria. Tarareo a su ritmo: voy-a-tratarlos-a-todos-como-mis-esclavos-esta-es-la-fiesta-de-mi-cumpleaños. Subo por el ascensor. Timbro en el 2A. Nada. Toco con el puño. Timbro. Marcos abre la puerta, extiende la mano y me pide con el dedo sobre los labios que no haga rüido. Me niego. Me advierte que será más rápido si entro que si me quedo fuera. Me niego exigiéndole que abra la puerta del edificio. Me azota la puerta de su piso en mi cara. Angustia. Vuelvo al ascensor. Maria Daniela me sonríe desde los botones de los pisos. Me guiña un ojo. Luego saca la lengua mostrándome una pandita de gomita a forma de piercing.

Toco en la portería. Un anuncio: en paro los findes. Pateo la puerta, las paredes, la mesilla del recibidor. Espero.

Un minuto.

Dos minutos.

Tres minutos.

Quince minutos.

Veinticuatro minutos.

Toda la discografía de Maria Daniela y su sonido láser.

Aparece envuelta en tafetán. Me extiende un hacha. Sonríe. Y canta: quiero-quiero-quiero-que-tu-sepas-que-estoy-enamorada-de-tus-ojos-verdes-que-son-como-ensalada-me-tomo-unas-copas-bailo-desesperada-esta-noche-es-mía-corona-deseada. Sujeto el mango y pulso el segundo piso. El filo del hacha baila con el mejor beat fresoide. Abro los ojos. Marcos grita que si llamo a la puerta de algún vecino me acusará de ladrón. Levanto el hacha. Y canto: oh-oh-creo-que-estoy-metida-en-problemas. Lo decapito. Un chorro de luz gore me ensucia el rostro. Le doy otro golpe contra los brazos. Caen contra la duela. Se fragmentan. Maria Daniela apaga la luz y con una lámpara ilumina el pene de Marcos. Y canta: No-soy-el-tipo-de-chica-que-llora-debo-admitir-lágrimas-en-mis-ojos-No-soy-el-tipo-de-chica-que-dice-cosas-dulces-debo-admitir-que-lo-dije-en-secreto. Dejo caer el hacha. Un tajo. Dos tajos. Tres tajos. Y tarareo a su ritmo: Yo-no-soy-así-me-muero-por-ti-me-muero-por-ti-yo-no-soy-así. Maria Daniela toma el trozo que ha quedado de Marcos. Instantáneamente una cascada de luces la iluminan. Una corona aparece sobre su peinado. Y usa el pene como cetro. Y Canta: Miedo-miedo-de-caerme-que-estoy-muy-borracha-esa-aspirina-creo-que-era-una-tacha-luces-de-colores-y. Me abraza. Bajamos por el ascensor. Cierro los ojos. Nos sentamos en la escalerilla. Una hora después abrimos los ojos. Una señora llega con la compras. Y su hijo cierra la puerta cuando estamos a punto de salir. La señora grita con el acento más marcado de toda la España. Entonces su hijo abre la puerta con un botón que estaba debajo de la perilla. Estupidez mexicana. Maria Daniela abre los ojos. Sonríe. Y me canta: Voy-a-tenerte-a-mi-lado-y-jugar-contigo-Vas-a-hacer-lo-que-pida-Tendrás-que-ser-mi-juguete-Cumplir-mis-caprichos-Seguirme-la-corriente-Jugar-conmigo-Quiero-un-chicle-de-menta-y-una-paleta-Quiero-que-bailes-como-en-la-discoteca-Quiero-un-chicle-de-menta-y-una paleta.

(Aunque esto es literatura, también es una denuncia: 18:00 hrs, Sábado 16 de Sept, Madrid, España; Planeta Tierra).

6 commentaires:

La Doncella Dilatada a dit…

mi dear oudi-ló:

ayy lindo, no no no. esas cosas no.
podría ser algo divertido. pero pudo ser una desgracia y ahora estamos cuasi sorprendidos del otro Lassie que llevas en el alma... pura aventurita.

cuídate majete!

sin.todos.los.nombres a dit…

Afortunadamente Maria Daniela te acompaño todo el tiempo.

Un gas lacrimógeno no os caería nada mal.
Eso por si M.D. olvida su hacha.

Espero vuestras aventuras aumenten y el peligro disminuya.

Efrén G. a dit…

Que odisea te esperaba en la peninsula iberica jaja recuerda que la aventura es felicdad pero siempre correras el riesgo del peligro. Cuidate un chorro e carnal no kiero pedos.

"Ganar o perder se ke nunca es lo ke importa lo ke embruja es el riesgo". Frase de enrique bunbury a doc con el lugar. jajaja
Efrén G.

danielus a dit…

en la madre patria. qué intensidad con el casero y la mcburguer de 5 euros, pero bueno, al menos en situaciones extremos me fijaré si la perilla tiene un botón abajo. te extrañamos amigo. sabes, el 15 carlajais y yo brindamos por tu independencia. besos regios, por cierto, acá otra vez tenemos rayo láser, pero no el de maría daniela.

Dulx a dit…

Eso pasa cuando a uno le da flojera seguir leyendo a Dante justito a la salida del infierno. La buena noticia es que hay un botoncito debajo de la perilla, cosa que Dante no quiso revelar, thx. Un beso y cúidese.

Mol a dit…

Todo lo que está sobre el infrarrojo y bajo el ultravioleta, my friend.