jeudi, janvier 07, 2010

Noticiero "Detrás de mi ventana": Esteban Arce como Alfonso Reyes

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En el prólogo de la biografía póstuma de Salvador Novo, Estatua de sal (publicada hasta 1998), Carlos Monsiváis, transcribe un breve pasaje epistolar entre Alfonso Reyes y Antonio G. Solalinde (25 de agosto de 1924), el regio dice:

"Yo creo que los jóvenes tienen razón. Hay entre ellos mucha mariconería, enfermedad nueva aquí, y eso me aleja de muchos y me hace sufrir, pues no soy tan escéptico e indiferente como yo me lo figuraba".

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En México siempre está la iglesia como la redención máxima. Muchos cometen actos de verdadera impunidad pero después de un dizque arrepentimiento, el cielo. Así, Esteban Arce, mocho desde que tenía un programa, El Calabozo, que marcó a muchos desde la generación de mis hermanos mayores y posteriormente la mía también. A mí siempre me pareció una versión de empaque metálico de los programas de mediodía de Paco Stanley. Elia Martínez-Rodarte, en su blog Ivaginaria, subió el video en donde acontece la pasmosa escena del comentarista que pensaba que hacer periodismo es juzgar al entrevistado. Bueno, no sé si pensaba eso, pero en todo caso, eso no es el periodismo.

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Con la reciente polémica de las aberraciones de la moral en el pensamiento de Arce, quien no sabe una definición de lo "normal", de la "normalidad", que no sea una proveniente de la mística de la triple cruz, punto y cruz, pienso que es muy parecida a lo también recientemente ocurrido entre cierto sector de la comunidad LGBT, (los más fueron los gays), que se negó a festejar el logro de la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Unos argumentan que es contranatura las prácticas sexuales que no estimulan la procreación, los otros que el casamiento, la norma legalizada, rompe con la cualidad inherente del grupo, su transgresión.

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Bajo un diagnóstico meramente basado en la observación, creo que los dos fenómenos, el de la homofobia heterosexual y el de la gamobofia (fobia al matrimonio) homosexual. Ambas, por ejemplo, serían muy normales para el pensamiento de Alfonso Reyes. Claro, ustedes dirán: pero hace 86 años. Así es. Sobre el caso de Arce, Lydia Cacho dice en su blog:

"Su apasionamiento con lo “normal” lo deja fatal. La normalización la da una práctica cotidiana, normal es lo habitual que se va sistematizando y es socialmente aceptado, normal es lo que se reproduce consistentemente; por tanto en México la corrupción es normal, la discriminación es normal, los monopolios televisivos son normales y la ignorancia es normal".

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José Ramón Enríquez en el Reforma escribió recientemente sobre Jean Genet y su infancia en el barrio El Raval (Barcelona) y sobre un libro de ensayos de Juan Goytisolo. Al final del artículo, Enríquez nos dice que el sentimiento de Genet sobre su propia sexualidad siempre estuvo ambigua, incluso, es posible, que no estuviera de acuerdo con las bodas gays. Sin embargo, Enríquez rescata una cita de Genet de un ensayo de Goytisolo, que anota:

"La patria sólo puede ser ideal para aquellos que no la tienen, como los fedayín palestinos (...) y el día que la tengan (...) habrán conquistado el derecho de arrojarla a la taza del retrete y tirar, como yo, de la cadena".

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El pensamiento humillador de Arce no es un salto diurno y nuevo dinamitado por las bodas gays, sino un seguimiento del pensamiento heteropolítico del país. Basta decir que Reyes descendía de una familia de militares y políticos. Sin embargo, el pensamiento de Arce tiene que ver con la redención y el arrepentimiento juvenil. Como una vecina que era borracha y después de convirtió en cristiana y obligó a su hijo a que dejara su identidad homosexual para refugiarse, como ellos lo dicen, en Cristo.

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Sin embargo, como decía Salvador Novo: Esteban Arce como Alfonso Reyes con "un solo beso", así, nada más. Todo sería diferente.

1 commentaire:

herr Boigen a dit…

Lo más lamentable es que de este tipo de gente está lleno el panorama de la comunicación en México y de eso están llenas las facultades de comunicación del país. Pero si tan solo tuvieran que morirse todas las jotas del Universo, Televisa quedaría desierto hasta el fondo. Y por último, la Iglesia Católica nunca ha contribuido al desarrollo del país, y ahora menos que nunca.
La procreación no necesita del matrimonio. Ni de ninguna ley ni estructura social.