samedi, octobre 20, 2007

Los Tubos Cultural: Vértigo en el Centro Histórico

Los Tubos Cultural, octubre 20, 2007.
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Cada uno de los Encuentros de escritores que han realizado hasta la fecha provoca divisiones tajantes entre los artistas, los asistentes, los comités organizadores, los farsantes, los morbosos, etc. El Vértigo de los Aires, Encuentro Latinoamericano de poetas en el Centro Histórico 2007 no quedó ajeno al escándalo y la crítica. Con más de quince días de actividad en torno al discurso, la discusión y la poesía misma, dicho Encuentro levantó opiniones desde varias esquinas como si de un ring octaedro se tratara.
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Con el fin de reunir la mayor cantidad de poetas latinoamericanos para festejar (y así reactivar la escena cultural en) el Centro Histórico, El Vértigo de los Aires formó una Comisión de selección (Eduardo Milán, Héctor Carreto, Alí Calderón, Luis Paniagua, etc.) con suficiente diversidad para abrir el panorama electivo de poetas menores de 35 años al asombro incluyente de los grupos no sólo mexicanos sino de Latinoamérica.
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Así mismo se establecieron dos clasificaciones para las mesas de trabajo: la lectura de obra poética y la discusión sobre la poesía y algunos temas que la tocasen como la política o las ediciones independientes. Y para sazonar (las posibles participaciones chuscas de los jóvenes poetas) se invitó a cinco poetas de indudable nombre como Raúl Zurita, Rodolfo Hinostroza, Luis Marré, Dolores Castro y Roberto Sosa.
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Sin embargo, esta construcción tiene algunas fisuras notable y lamentablemente que en momentos se llevó de encuentro a la poesía. Y no precisamente fue a su encuentro. En mi caso, había sido invitado a la segunda semana pero me aventuré a llegar desde la primera semana para ver la evolución del proyecto, justamente. Dividiré mis comentarios en dos venas: los invitados y los documentos.
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En las mesas de trabajo no había ninguno de los nombres de los Coordinadores Generales o del Equipo de Logística, a pesar de que muchos de ellos son poetas activos y en movimiento. Recuerdo cuando organizamos el primer Voces Convergentes en la Silla Encuentro de Escritores Jóvenes del Norte de México, Patricia Laurent Kullick nos dijo (a los que organizábamos en ese entonces) que para que se estableciera un verdadero diálogo entre los organizadores y los invitados había que echar al fuego a los que siendo organizadores también fueran (o se dijeran) escritores. La opinión de la Laurent era que ningún escritor se sostiene con la opinión de los burócratas que organizan encuentros o festivales: un artista necesita de sus iguales.
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Desde mi llegada manifesté mi desacuerdo a los Coordinadores Generales (Iván Cruz Osorio, Jocelyn Pantoja, Benjamín Morales, Gabriela Astorga, Alberto Trejo) que no participaran como poetas. Por naturaleza se sabe que la organización de un evento así necesita la salud física y mental de los anfitriones pero también es fundamental que ellos disfruten la fiesta y no sólo la friega interna. Al final la poesía le interesa a unos cuantos, entre los cuales están cada uno de los poetas que organizan encuentros en el mundo. No hablo de la utilización de las plataformas propias sino de convivencia literaria. Abrazar a los invitados no sólo con viandas sino con eso que nos mantiene vivos a los escritores.
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En lo que respecta a la lista de invitados que viene desde Chile hasta la Tijuana hay huecos. No los mismos de siempre cuando se trata de un evento en donde todos saltan y preguntan por qué no fueron solicitados. Aquí los huecos son voces que no convencieron/conmovieron al público y a los demás poetas. La selección que pretendía ser incluyente resultó desigual, ambigua y floja (teniendo en cuenta que había que rellenar quince días con poetas jóvenes).
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Algunas de las voces participantes eran dignas de no volver a recibirlas en el país a menos que firmaran un acuerdo de paz para proteger a la poesía y sus aires. Indudablemente la lectura de algunos “poetas” no favoreció al encuentro ni al Centro Histórico. Es cierto que hay desigualdad para todo pero tratándose de un Encuentro latinoamericano hubiera valido la pena ser más buscador de perlas por el continente y no escuchar tanto al Comisión de selección pues nunca se sabe qué favores u amores se trenzan y transan al momento de una recomendación. No digo que esté enterado de que ese sea el caso. Sin embargo considero que la selección fue arbitraria y dejo mucho qué desear. Porque para el caso, ellos son los conocedores, ¿no?
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Respecto a los poetas consagrados (de los cuales no puedo hablar de la participación de cada uno porque no las viví) creo que hay una coherencia con el discurso formal, estandarizado, conceptualizado de lo que se entiende por poesía en muchos de los grupos de poetas mexicanos. Mi selección hubiera sido otra. Destaco la presencia de Zurita, Hinostrosa y Marré. Sin embargo haber traído a estos poetas habla del querer integrar los discursos generacionales por el bien de la poesía y la formación de lectores. Una labor honorable y digna de muchos aplausos.
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Hablando de los documentos, del testimonio del acto poético en voz alta, el Encuentro deviene en una transmisión vía Internet a través de la página de El Vértigo de los aires y además una antología con las voces de los poetas incluidos en el programa original (ya que hubo casos como el de Francisco Alcaraz y Luis Jorge Boone donde los poetas no pudieron estar presentes). Ideológicamente ambos medios representan el acercamiento al público de otra época y otros espacios.
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El acierto más grande del Encuentro sea quizá la distribución vía Internet de las lecturas en formato podcast que serán con el tiempo una audioteca importante para el conocimiento de las literaturas latinoamericanas. En lo que respecta a la Antología impresa habría que preguntarse: ¿y de qué editorial es?, ¿y el código de barras?, ¿y el ISBN?, ¿entonces no tendrá distribución más allá del Centro Histórico? A pesar de las erratas, una Antología como la del Vértigo siempre será una fuente de información y conocimiento para los contemporáneos y para los que nos alcanzarán en unos años.
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Con El Vértigo de los Aires hay que preguntarse por la salud de la poesía mexicana y latinoamericana, por dónde van sus relaciones, cuál es el grado que un encuentro mueve las conciencias del verdadero público y no sólo las de los artistas, si son los poetas los que leen a los demás poetas y sus tradiciones o es todo mero alarde y plataforma para creerse cúspide cuando en realidad apenas bache. Un Encuentro así necesita de otros más que den competencia para que comience el diálogo. Por el momento tenemos El Vértigo: ¿qué es lo que sigue?

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